miércoles, 23 de enero de 2013
EL AYUNO, LA SALUD Y LA ESPIRITUALIDAD
El ayuno es una medida eficaz para ayudar a mejorar o conservar nuestra
salud. No está de moda (ni falta que hace pues no es cuestión de
modas), incluso hay muchos que no lo ven bien imbuidos en esta sociedad
consumista que lo relaciona con la enfermedad o la escasez, y no se
suele tratar este tema en los medios de comunicación, pero están
demostradas sus virtudes, no sólo en lo físico sino también en lo
psíquico y hasta en lo espiritual como las milenarias tradiciones
esotéricas y religiosas han considerado.
El ayuno al que me refiero consiste en no ingerir alimentos y agua
durante un día completo, una, dos o cuatro veces al mes, lo cual
provoca un cambio metabólico en las reservas del sujeto, así como la
activación de todos los procesos de regeneración, desintoxicación y
depuración del organismo. Se trata de hacer reposar fisiológicamente el
cuerpo para que la energía que normalmente usamos en los procesos
digestivos pueda ser dedicada a fines curativos. No son recomendables
los ayunos largos, sino un solo día de ayuno intensivo sin agua.
En general, se producen numerosos efectos terapéuticos. Hay diversos
estudios médicos en universidades y centros hospitalarios que han
constatado muchos de ellos. Según E. Ser, “Ayuno controlado” (1994):
El metabolismo basal (digestión en reposo) disminuye y, por tanto, las necesidades de todo el organismo.
Se realizan menos actividades con el consiguiente ahorro de energía.
Las reservas orgánicas de nutrientes son economizadas y reequilibradas
espontáneamente. Cuando el glucógeno (el combustible del cuerpo) se
consume, pasan a quemarse las reservas de grasa o tejido adiposo. Se
equilibra así la línea.
Se produce un fenómeno de inversión energética. La energía no se dirige
a las actividades normales de digestión, etc., sino que se concentra en
la eliminación de toxinas y se acelera la regeneración celular o
autólisis (los tejidos tienen unas sustancias o enzimas que regeneran
ellas solas las células envejecidas o deterioradas).
Se invierten las funciones de algunos órganos, como el estómago que en
vez de dedicarse a la asimilación de alimentos se convierte en un
sistema de eliminación, ya que las mucosas toman un papel depurativo y
limpiador.
Se reducen la secreciones orgánicas, como el sudor o la mucosidad. El cuerpo se torna ligero, fresco y sutil.
Las constantes vitales, como la respiración y la circulación tienden a suavizarse, aliviarse y relajarse.
Se tonifican y revitalizan absolutamente todos los sistemas del cuerpo
(nervioso, circulatorio, endocrino, linfático, muscular, etc.),
especialmente los de asimilación y almacenamiento (estómago,
intestinos, bazo, vesícula biliar, etc.), que se limpian de impurezas
obstructivas e ineficaces; y los de eliminación (hígado, riñones,
pulmones, piel e intestino), que procesan las reservas pendientes sin
tener que recibir un nuevo material de desperdicio.
Desaparecen todos los atrofamientos orgánicos, acumulaciones patológicas, desequilibrios, pequeñas lesiones y disfunciones.
Se normaliza el peso.
Aumenta la capacidad respiratoria.
Las secreciones fisiológicas se normalizan.
Se interrumpe el consumo de los agentes causantes de enfermedad o la toxemia.
Mejora la claridad del pensamiento y fortalecimiento de la mente.
Entre otros de sus múltiples beneficios incrementa el catabolismo
(proceso de eliminación o destrucción de células), mejora el
funcionamiento de la tiroides, metaboliza reservas orgánicas, beneficia
el hígado (consume el glucógeno, nuestro “combustible”, y las reservas
de grasas), cura las úlceras, el estreñimiento y todos los transtornos
intestinales, y da elasticidad corporal.
El ayuno es ideal para equilibrar el sistema hormonal, para dejar de
beber y fumar, para curar el insomnio, la ansiedad y la depresión;
purifica la piel y elimina el acné y eccemas; ayuda, lógicamente, a
adelgazar y mantener la línea, además de que equilibra y sensibiliza el
apetito; cura tejidos enfermos, inflamaciones, piedras, protuberancias
o excrecencias anormales; es un tranquilizador natural y previene las
infecciones; mejora la memoria; aumenta el riego sanguíneo al cerebro y
favorece la intuición y la claridad mental, aumenta la concentración y
la fuerza de voluntad, desapega la mente y te da determinación
espiritual como veremos más adelante.
Según el Dr. Schneider, el ayuno cura enfermedades de tipo crónico: la
angina de pecho, asma bronquial, asma cardiaco, alteraciones de la
presión sanguínea, alteraciones de la circulación, varices, reumatismo,
hemorroides, jaquecas, inflamaciones renales, paradentosis,
preeclampsia y eclampsia (convulsiones en embarazadas y recién
paridas), y acorta la duración de anginas, gripe y neumonías.
Hellmut Lützner y María Wilhemi-Buchinger apuntan que es bueno para
enfermedades de las vías urinarias, asma crónico y trastornos de la
menstruación, cefaleas, migrañas, glaucomas (aumento de la presión
intraocular), porfiria (erupciones causadas por la exposición al Sol),
hepatitis crónicas, transtornos circulatorios, diabetes mellitus,
enfermedades dermatológicas crónicas (eczema, psoriasis, etc.),
poliglobulías (exceso de hematíes), sobrecargo graso del hígado,
trastornos de circulación, enfermedades del metabolismo, reumatismos,
reumatismo articular y de las partes blandas, deterioros vertebrales
(artrosis, osteocondriosis, espondiloartrosis, gota, etc.).
Carrintong, Hazard, Dewey y Mcfaden, conocidos médicos higienistas,
recomiendan el ayuno también para enfermedades ópticas (astigmatismos,
miopías, presbicias), trastornos auditivos crónicos (hipoacusias,
sorderas parciales), en las alteraciones cardiacas y crónicas (angina
de pecho, palpitaciones, ataques cardiacos, fermentaciones intestinales
agudas, distensiones de estómago, indigestiones agudas), y enfermedades
del sistema nervioso (parálisis, epilepsia).
Ayuda asímismo en enfermedades agudas en las que hay fiebre, náuseas,
vómitos, diarreas, disenterías; es preventiva para enfermedades
víricas; en catarros, asma y bronquitis normaliza la secreción de
mucosas.
El Dr. Luigi Segatore afirma que el ayuno es beneficioso tanto para los
individuos que tienen alguna enfermedad del metabolismo como para los
individuos que están completamente sanos.
El ayuno puede ayudar incluso a procurar bienestar en enfermedades
terminales. No obstante debe tenerse cuidado al ayunar en enfermedades
degenerativas graves, enfermedades graves de hígado y riñones,
enfermedades cardiacas graves, diabéticos e hipoglucémicos o personas
con anemia.
En realidad, el ayuno no cura, es el cuerpo el que cura mientras no
comemos. Nuestro propio sistema lo hace todo naturalmente,
espontáneamente. Los animales ayunan instintivamente cuando están
enfermos. Por eso se trata de una de las terapias naturales más
efectivas, un mecanismo perfecto de regeneración del cuerpo y de la
mente. El cuerpo se ahorra la tremenda energía que gasta en los
procesos de digestión y lo invierte en procesos de eliminación,
autocuración e introversión mental.
El Dr. Heung asegura que el ayuno fortalece la intuición y la percepción interior y exterior.
El ayuno es uno de los grandes secretos, no sólo para purificar el
cuerpo y curar muchas enfermedades, sino también para sutilizar la
mente, equilibrar el prana (energía vital) y favorecer la canalización
de la energía sexual y, por consiguiente, ayuda, según las tradiciones
esotéricas orientales, a la transmutación en energía kundalini, la
energía que al despertar sube por la columna vertebral, a través de los
centros energéticos llamados chakras, hasta el cerebro elevando el
nivel de conciencia espiritual.
El efecto sobre la sexualidad es grande. Revitaliza el semen en el
hombre y los óvulos en la mujer. Sirve tanto para controlar la
actividad sexual como para reequilibrarla o potenciarla si se quiere.
Ayunar durante un día produce un efecto capital sobre los líquidos
vitales, especialmente la sangre y la linfa, ya que ayuda a la
eliminación de todas las toxinas supérfluas. La linfa es un fluido
vital para el cuerpo, pues purifica la sangre, da combustible de
protección al sistema inmunológico, ayuda en la secreción hormonal y da
alimento y energía al cerebro. Una vez nutrido el cerebro, la linfa
extra forma espermatozoides y óvulos. El ayuno equilibra la formación
de esperma y óvulos, y, por lo tanto, ayuda al control sexual, pero al
mismo tiempo revitaliza por completo toda la energía sexual.
En la doctrina esotérica oriental llamada Tantra el ayuno se llama
upavasa (upa: cerca, vasa: vivir). La upavasa es el momento ideal para
prácticas espirituales, para retomar el ritmo de la meditación tras una
etapa de relajación, para recuperarse de una etapa de estrés o
depresión, o para dedicarse a sadhana profundo en épocas de especial
inspiración espiritual. Para el Tantra el ayuno lo renueva todo: el
cuerpo, la mente y el espíritu, y predispone el organismo para el
despertar de la kundalini y la experiencia mística.
La tradición esotérica occidental también considera todo esto, de ahí
que los eremitas y muchos considerados santos hayan incluido el ayuno
en sus prácticas, y que haya quedado como uno de los preceptos en
ciertos días sagrados en religiones como la cristiana o la islámica: el
ayuno junto a la oración como catalizadores de la espiritualidad.
Se debe ayunar desde el amanecer de un día hasta el amanecer del
siguiente, mejor en Luna llena, Luna nueva y 11 días después de esos
días. La Luna influye en los líquidos de la Tierra (como las mareas) y
también en los líquidos del cuerpo (más de la mitad del cuerpo es
agua). En esos días su influjo es mayor por lo que es recomendable
ayunar sin introducir más agua al cuerpo.
Los médicos inciden en que el ayuno tiene más efecto si no se ingiere
nada de agua. No obstante, con agua también es bueno, ya que ayuda a
depurar, y puede hacerse al principio cuando no se está acostumbrado al
ayuno o en días muy calurosos que se haya hecho esfuerzo. Es mejor no
hacer mucho esfuerzo físico en el día de ayuno, pero si se quiere hacer
ejercicio suave, andar o respirar al aire libre, también ayudan a un
proceso más exhaustivo de desecho de toxinas. Si se está físicamente
bien se puede hacer ejercicio con toda normalidad; es incluso posible
que se note más resistencia ese día.
Al ayunar no debe temerse sentirse débil, porque los alimentos del día
anterior permiten estar 24 horas o más sin apenas ninguna necesidad más
de nutrientes. El metabolismo basal (asimilación en reposo y en ayuno
de la última comida) dura unas 16 horas, es decir, el cuerpo tiene
energía de sobra las 16 horas siguientes a la última comida, y las
horas que quedan hasta que se rompe el ayuno se nutre sin problemas de
las reservas de grasa y proteínas (y se podría estar así durante días,
sólo bebiendo agua).
“Todo el sistema funciona con una eficiencia completamente diferente a
como lo hacía antes”, sentencia el Dr. Bhret. “El ayuno es la medida
terapéutica más común a todas las enfermedades” concluye el Dr.
Schneider.
El ayuno debe romperse con agua con limón (que es el limpiador natural
más efectivo del cuerpo y es altamente alcalino, por lo que neutraliza
la acidez del estómago vacío) y sal (favorece la limpieza intestinal
para la eliminación rectal y también neutraliza la acidez), y algo
suave como un trozo de plátano maduro, que debe comerse casi entero sin
masticar y funciona como una esponja absorbiendo todas las impurezas
del intestino que se han acumulado en el día de ayuno y que luego son
eliminadas en la excreción. Conviene esperar media hora y luego
desayunar un yogur, vegetales o algún alimento suave.
Antes de llegar a hacer un ayuno total de un día es mejor empezar a
ayunar gradualmente. Al principio se puede hacer con fruta (naranjas,
uvas, etc.), infusiones (tres al día: malva, salvia, manzanilla,
melisa, hinojo, anis, poleo, tila, pero sin miel ni azúcar) o caldo de
verduras (apio, lechuga, zanahoria, puerro, perejil, tomate). Luego se
puede probar con agua, hasta llegar a una jornada completa sin ingerir
nada. Con la práctica el cuerpo se acostumbrará al ayuno y éste será
cada vez más fácil de realizar. Es más, el cuerpo necesitará ayunar,
pedirá ayunar.
Es normal que durante el ayuno la lengua pueda estar oscurecida o
sucia, también la orina se oscurece, especialmente al día siguiente,
así como se tiene cierta halitosis o aliento desagradable. Todos estos
efectos son normales y se deben a la quema de toxinas. La halitosis
está provocada por la degradación de lípidos (grasas) en el estómago y
a los intercambios gaseosos y de toxinas en los alveolos pulmonares.
Los ayunos largos de días o semanas no son necesarios en absoluto, son
optativos para algunas enfermedades y siempre deben ser hechos bajo la
guía de un médico especialista. Lo más aconsejable, como he dicho, es
el ayuno de un día realizado de forma regular, que tiene relación con
las fases lunares. Se puede hacer también algún día ayuno parcial,
siendo el más recomendable el ayuno nocturno o de cena, que ayuda a la
eliminación de toxinas y a adelgazar.
El ayuno, para que sea eficaz, tiene ciertas normas como se ha visto,
pero es flexible según las circunstancias personales y ambientales,
cuestión de sentido común.
En definitiva, el ayuno es una de las principales vías para el
bienestar psicofísico y espiritual, esto último porque según las
tradiciones esotéricas ayuda a calmar la mente, por tanto, a relajarse
y meditar, eleva la intuición, y al equilibrar energías, con el tiempo,
ayuda a despertar la energía kundalini.
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